El Resplandor Subterráneo

septiembre 26, 2014

La historia de Charles Blake

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De “The Path to Rome”, por Hilaire Belloc, p. 304-313, Ignatius Press, San Francisco, CA, EEUU.
Traducido por Max Flint
Había una vez un hombre que había nacido en Croydon, y cuyo nombre era Charles Amieson Blake. Él fue a Rugby cuando tenía doce años y se fue de allí a los diecisiete. Se enamoró dos veces y fue a Cambridge hasta los veintitrés. Habiendo dejado Cambridge se enamoró más levemente y su padre lo colocó en una oficina del gobierno, donde comenzó con £180 por año. A los treinta y cinco estaba ganando £500 por año, y los beneficios alcanzaban a £750 al año. Conoció a una agradable dama y se enamoró bastante comparado con las otras veces. Ella tenía ingresos de £250 al año. Eso totalizaba £1000 por año. Ellos se casaron y tuvieron tres niños-Richard, Amy y Cornelia. El alcanzó una alta posición en el gobierno, fue hecho caballero, se retiró a los sesenta y tres y murió a los sesenta y siete. Está enterrado en Kensal Green…
AUCTOR: Gracias, LECTOR, esa es una muy buena historia. Es simple y está llena de toques humanos. Ud. sí sabe lidiar con los hechos de la vida diaria… Para eso hace falta una mano maestra. Dígame, LECTOR, tuvo este hombre alguna aventura?
LECTOR: Ninguna que yo sepa.
AUCTOR: ¿Tenía opiniones?
LECTOR: Sí. Me olvidé de decirle que era un Unionista. Hablaba dos idiomas extranjeros mal. Iba a menudo al exterior a Assisi, Florencia y Boulogne… dejó £7.623 6s. 8d., y una casa con jardín en Sutton. Su esposa todavía vive ahí.
AUCTOR: ¡Oh!
LECTOR: Es la historia humana… ¡la tarea diaria!
AUCTOR: Muy cierto, mi querido LECTOR… la suerte del común… Ahora déjeme contar mi cuento. Es acerca del Hueco que Nunca se Podía Llenar.
LECTOR: ¡Oh, no! AUCTOR, ¡no! Ese es el cuento más viejo de…
AUCTOR: Paciencia, querido LECTOR, ¡paciencia! Lo contaré bien. Por otra parte, le prometo que no será contado nunca más. Le voy a sacar derechos de autor.
Bueno, había una vez un Hombre Letrado que había hecho un trato con el Diablo según el cual le avisaría a los emisarios del Diablo de todas las buenas acciones llevadas a cabo a su alrededor de modo que las pudieran estorbar, y a cambio él iba a tener todas esas cosas agradables de esta vida que los aliados del Diablo consiguen generalmente es decir, una Casa Confortable, Auto-Estima, buena salud, “suficiente dinero para la posición social de uno”, y lo que se llama generalmente “una vida útil y feliz”-hasta la medianoche de Halloween en el último año del siglo diecinueve.
Así que este Hombre Letrado hizo todo lo que se le pedía, e informaba diariamente a los diablitos mensajeros del bien que se hacía o se preparaba en el vecindario, y ellos lo estorbaban; de modo que el sitio donde vivía, de ser un lindo pueblito se volvió un gran Centro Industrial, lleno de riqueza y deseables mansiones familiares y propiedades, y en el infierno se llamaba “Almacén B” (puede adivinar el Almacén A). Pero finalmente cerca del 15 de Octubre de 1900, el Hombre Letrado comenzó a temblar en sus zapatos y temer al juicio; porque, verá, el no tenía la cómoda ignorancia de sus congéneres, y estaba obligado a creer en el Diablo aunque no quisiera, y, como le digo, temblaba en sus zapatos.
Así que se pensó un plan para hacerle trampa al Diablo, y la víspera de Halloween hizo un hueco muy pequeño en el piso de su estudio, justo al lado de la chimenea, derecho hasta el sótano. Entonces se consiguió una cantidad de cosas que causan gran daño (periódicos, documentos legales, facturas sin pagar, y así) y se preparó para la acción.
A la mañana siguiente, cuando los diablitos vinieron a buscar sus órdenes como de costumbre, luego de las oraciones, los llevó al sótano, y apuntando al hueco en el techo les dijo:
“Amigos míos, este huequito es un misterio. Comunica, creo, con la capilla; pero no puedo encontrarle la salida. Lo que sí sé es que alguna persona piadosa o un ángel, o lo que sea, deseoso de hacer el bien, mete ahí lo que sea que piensa que puede ser la causa del mal en el vecindario, esperando así destruirlo” (en prueba de lo cual les mostró la pila desordenada de periódicos en el piso del sótano debajo del hueco). “Y lo mejor que Uds. pueden hacer”, añadió, “es quedarse aquí y tomarlos mientras bajan y ponerlos en circulación de nuevo. ¡Tut! ¡tut!”, añadió, tomando una carta amenazante de un prestamista a una viuda, “¡es increíble como esta gente interfiere con los más sagrados derechos! ¡Aquí hay hasta una carta robada del correo! Por favor, encárguense de que sea entregada.”
Así que dejó a los diablitos trabajando, y les alimentó con toda clase de cosas causantes del mal, que ellos prontamente ponían en el sótano, y periódicamente salían volando con ellas, para ponerlas de nuevo en circulación.
Esa noche, a eso de once y media, el Diablo vino a llevarse al Hombre Letrado, y lo encontró sentado en su hermoso, gran escritorio. El Hombre Letrado se paró muy amablemente para recibir al Diablo, y le ofreció una silla cerca de la chimenea, justo cerca del huequito.
“Por favor no se mueva”, dijo el Diablo, “vine temprano a propósito para no molestarlo.”
“Ud. es muy bueno”, le respondió el Hombre Letrado. “De hecho, tengo que terminar mi informe sobre la Liquidación de Lady Tanteo entre nuestros Pobres en la Plaza de Toros-está progresando un poco. Pero las condiciones de ellos rompen el corazón, mi querido señor, ¡rompen el corazón!”
“Lo creo”, dijo el Diablo solemne y tristemente, reclinándose en la silla, y juntando sus manos como un techo. “Los pobres en nuestras grandes ciudades, Sir Charles” (pues el Hombre Letrado había sido nombrado Baronet), “la condición, digo, de los-¿No siento una corriente de aire?” dijo abruptamente. Porque el Diablo no puede soportar las corrientes de aire.
“Bueno,” dijo el Hombre Letrado, como si estuviera avergonzado, “justo cerca de su sillón hay un huequito que he tratado de rellenar, pero por alguna razón parece imposible de llenar… no sé…”
El Diablo aborrece las excusas, y sobre todo es práctico, así que sacó de repente el alma e un abogado de su bolsillo lateral, la anudó para hacerla más rígida, y la metió en el hueco.
“¡Ya está!, dijo el Diablo contento; “si hubiera tomado un pedazo de trapo, o cualquier cosa, hubiera podido Ud. mismo… ¡Wow!…” Miró hacia abajo y vio el hueco todavía abierto, y sintió de nuevo una furiosa corriente de aire hacia arriba. Lo pensó un poco, y luego musitó: “Es una lástima que tengo puestas mis mejores cosas. Nunca me atrevo a arrugarlas, y no tengo nada en mis bolsillos digno de mención, de otro modo podría haber traído algo más grande.” Se tocó el bolsillo izquierdo del pantalón, y pescó un pedante, lo arrugó cuidadosamente hasta hacer una bola, y lo metió con fuerza en el hueco, de modo que sufriera agonías. Entonces el Diablo observó con cuidado. El alma del pedante al comienzo fue como si la jalaran desde abajo, luego se fue metiendo hacia abajo lentamente, y al final desapareció de un todo.
“¡Esto es algo extraordinario!” dijo el Diablo.
“Es la corriente de aire. Es muy fuerte entre las viguetas,” aventuró el Hombre Letrado.
“¡Recórcholis!” gritó el Diablo. “¡Este es un truco! Pero nunca me han agarrado, y no lo van a hacer.”
Dio una palmada, una tropa entera de sus seguidores cayó a borbotones por la ventana con hipotecas, Leyes del Parlamento, decisiones legales, estatutos de Universidades, patentes para medicinas, órdenes de naturalización, acciones en minas de oro, especificaciones, prospectos, informes de compañías de agua, acuerdos de editores, cartas patentes, fueros de ciudades, y, en una palabra, todo lo que el Diablo controla en la forma de basura para tapar huecos; y el Diablo, arrodillándose en el piso, los metió en el hueco como un loco. Pero tan pronto como él los metía, los pequeños diablitos abajo (que también habían llamado a una cantidad de los de su clase para que los ayudaran) los jalaban a través del hueco y se los llevaban en carretillas. Y el Diablo, como un poseso, daba latigazos con su cola en el piso, y sus ojos relucían como dos carbones encendidos, y el sudor le corría por la cara, y jadeaba, y empujaba cualquier cosa imaginable que tuviese hacia abajo por el hueco tan rápido que finalmente sus documentos y pergaminos parecían líneas borrosas y destellos de luz. Pero los leales diablitos, que no se dejaban vencer, los sacaban al sótano tan rápido como máquinas, y en un remolino se los pasaban a sus asistentes; y todas las pobres almas perdidas que habían sido forzadas a prestar servicio se quejaban que su único día libre en el año les estaba siendo escamoteado, cuando, justo cuando el proceso iba tan rápido que rugía como una imprenta a toda velocidad, el reloj en la pared dio las doce.
El Diablo paró de repente y se levantó.
“¡Fuera de mi casa”, dijo el Hombre Letrado, “fuera de mi casa! Ya he tenido suficiente de Ud., y ¡no tengo tiempo para tonterías! ¡Ya pasaron las doce, y gané!”
El Diablo, aunque aún jadeando, se sonrió con una sonrisa diabólica, y sacando de su bolsillo su reloj (que había tomado como un beneficio del oficio del cadáver de un miembro del Parlamento), dijo, ”¿Supongo que Ud. tiene la hora de Greenwich?”
“¡Ciertamente!” dijo Sir Charles.
“Bueno,” dijo el Diablo, “tanto peor para Ud. que vive en Suffolk. Ud. está cuatro minutos adelantado, así que molestaré para que venga conmigo; y lo prevengo que cualquier cosa que diga ahora podrá ser usada contra…”
En ese punto el santo patrono del Hombre Letrado, que pensaba que las cosas habían llegado demasiado lejos, se materializó y tosió suavemente. Ambos voltearon a mirarlo, y San Carlos estaba sentado en el sillón.
“Hasta ahora,” dijo San Carlos con calma, “hasta ahora en vez de estar cuatro minutos adelantado, estás atrasado exactamente un año.” Al decir esto, el Santo sonrió con una sonrisa genial, sacerdotal, dobló sus manos, movió sus pulgares lentamente en círculos, y miró fijamente al Diablo de modo paternal.
“¿Qué quiere decir?”, gritó el Diablo.
“Lo que quiero decir,” dijo San Carlos calmadamente, “es que 1900 no es el último año del siglo diecinueve; es el primer año del siglo veinte.”
“¡Oh!”, se burló el Diablo,”Ud. también está en contra de las vacunas? Ahora, vea aquí” (y comenzó a contar con los dedos9; “suponiendo en el año 1 AC…”
“Yo nunca discuto,” dijo San Carlos.
“Bueno, todo lo que yo sé es,” respondió el Diablo con cierto enojo, “que en este asunto como en casi todos los demás, gracias al Señor, yo tengo de mi parte a todos los historiadores y científicos, todas las universidades, todos los…”
“Y yo,” interrumpió San Carlos, agitando su mano como un caballero (él es un Borromeo), “¡yo tengo al Papa!”
Ante esto, el Diablo dio un alarido, y desapareció en medio de un trueno,y nunca se le volvió a ver hasta su reciente aparición en Brighton.
De modo que el Hombre Letrado se salvó; pero difícilmente, porque tuvo que pagar quinientos años en el Purgatorio catequizando a los heréticos y paganos que allí se encontraran, e instruyéndolos en la verdadera fe. Y con los más musculosos, pasó momentos enredados.

abril 3, 2014

Bougainvillea spectabilis Willd.

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Entre las flores en Topotepui, hay algunas que son muy corrientes, como la trinitaria. Pero resulta que -dependiendo de cómo la vea uno- ¡la belleza de la flor le salta a uno a la cara! Eso es lo pasó con esta foto, o al menos así me lo parece. Del mismo modo le puede pasar a uno con todo el país, con la ciudad, con algunos edificios que parecen estar ahí sin decir nada, hasta que uno los ve con otros ojos. Claro, hay algunos edificios que no tienen “salvación.” Son simplemente feos. Pero hay unos cuantos que están agazapados entre las esquinas, listos para sorprenderlo a uno. Lo mismo hacen las flores, muchas veces.

Quizás tienen razón los que dicen que la belleza está en los ojos de quien mira. Pero en mi humilde opinión, la belleza está ahí, esperando a ser vista.

Es difícil vivir sin ver la belleza. Inclusive es difícil entender cómo se vive sin ver la belleza. Cuando uno oye un comentario que implica que la belleza no anda por el vecindario, hay que hacerse de paciencia, como decía mi mamá, y dejar pasar. El propósito de la vida tiene que ver con percibir y entender la belleza alrededor. A lo mejor, esta manera de ver la “heredé” de mis padres. Las explicaciones de cómo uno llega a mirar de esa manera son extrañas, enrevesadas, contradictorias. Las cosas que van pasando, dando la forma a la propia mente, al propio espíritu, dan vueltas extrañas, avanzan y retroceden, haciendo difícil distinguir un sentido, una misión, un propósito. Pero la belleza es una constante del mundo -de este mundo con una sola Luna, como diría Murakami.

Por eso, quiero compartir con Uds. esta imagen.

Mientras escribo, en la radio hay otra transmisión en cadena más. Hagamos como quien oye el agua correr. Luego habrá tiempo de enterarse de las estupideces que dijo el personaje, abusando de nuestras “ondas radioeléctricas”, como decía el súper-comandante galáctico, en medio del gamelotal que dejaba salir a borbotones por esa gran bocaza. (Para muestra de lo de hoy, un botón: “Nosotros, en el año ’99, éramos más jóvenes que ahora.”).

Trinitarias en el cielo, Topotepui.

Trinitarias en el cielo, Topotepui.

abril 2, 2014

Hallazgos en Topotepui

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Caracas tiene pocos lugares a donde pasar una tarde de domingo sin riesgo de perder dinero, salir herido o perder la vida. La violencia al azar está en todos lados, y aún así necesitamos salir un rato, pasear, descansar de la rutina diaria de trabajar, huir de la guerrita de manifestaciones, calles y autopistas cerradas, policía y guardias lanzando un diluvio de bombas lacrimógenas contra los estudiantes que protestan.

Uno de esos sitios es Topotepuy: un parque privado, sin interés de lucro, pero que cobra entrada -lo que sirve para mantenerlo en muy buen estado y cuidar de los picaflores que vuelan por todas partes, atraídos por los tarros de agua con azúcar que les ponen alrededor del parque, para beneficio de los curiosos que los queremos ver. Si uno mira con atención, con la ayuda de la cámara del teléfono, se puede encontrar extrañas flores escondidas entre las plantas. Esta es  una. Tengo un montón, e iré poniendo aquí algunas poco a poco.

Nota al margen: Estoy de acuerdo con los estudiantes y el pueblo que manifiestan. Sin embargo, creo que cerrar calles o autopistas no es una forma muy inteligente de protestar; por el contrario, es una manera muy molesta de hacerlo, tanto, que incomoda hasta a los que estamos de acuerdo con la protesta. Por otra parte, hay que reconocer que es una forma de protesta muy difícil de ignorar. Tenemos que hacer ambas cosas: protestar -con la esperanza de lograr que se cumplan las condiciones mínimas para el diálogo, que nos permitan eventualmente salir de este gobierno tan desastroso e inepto- ¡y vivir! Para esto último se inventaron los domingos y los jardines.

¿flor verde?

¿flor verde?

marzo 29, 2010

La Conjura de Amboise

Filed under: Uncategorized — elresplandorsubterraneo @ 16:27

Mañana es 9 de marzo del año de Nuestro Señor de 1560. Ya la suerte está echada. Habíamos previsto todo para el 1º del mes, pero tuvimos que retrasarlo por la delación de Avenelle. A fin del mes pasado, este desgraciado habló con Guisa para contarle nuestros planes. No importa. Creo que con la gente que tenemos dentro del castillo, los caballeros que van llegando al pueblo pueden arreglar los detalles del secuestro.
Sí, van a comenzar a llegar mañana, y continuarán hasta el propio 16, el día escogido. Estoy seguro que el rey saldrá del castillo con toda su familia, y los podremos cercar en pocos minutos. Antes del mediodía será nuestro, y la influencia podrida de Guisa y su hermano se habrá acabado. Volverá la tolerancia y la reforma continuará su labor evangélica. Estoy seguro que nuestros planes van a funcionar. Claro que he visto a los hombres de Guisa alrededor del castillo, pero no creo que puedan dar una batida a fondo. Los nuestros están bien escondidos.

Nuestras tropas aún no llegan. Está previsto que estén aquí el día 16, al menos el grueso. Mientras tanto, estaremos en una posición vulnerable. La Renaudie llega también el 16 ó quizás un par de días después. Lo necesitamos aquí, no tenemos a nadie que pueda sustituirlo como líder. Ni siquiera el príncipe de Condé puede sustituirlo.
Somos vulnerables mientras nuestro ejército no esté completo, con todos nuestros líderes aquí escondidos: Carlos de Castelnau-Tursan, Bouchard de Aubeterre, Juan d’Aubigné, Ardoin de Porcelet, Paulon de Mauvans y los comerciantes de Orleans, de Tours y de Lyon, que tanto han ayudado. Guisa ha prometido que si atrapa a La Renaudie, ¡lo va a hacer descuartizar vivo!

Las tropas de Guisa ya pasaron otra vez. No descansan. Saben que si no nos encuentran los espera un látigo sobre las espaldas cuando vuelvan al castillo. No sé si los comerciantes están bien resguardados, pero me preocupan. Si los llegan a apresar, los van a ahorcar a todos. ¿Qué pasa con nuestras tropas, que no llegan todavía? ¡Qué noche tan larga, tengo frío! No podemos avivar el fuego mientras la gente de Guisa esté por aquí. Pásame esa manta, a ver si me puedo quitar el frío. Dicen que la gente sabe cuando va a morir, pero a mí me parece que son puras tonterías. Hay que tener confianza en los nuestros, ya van a llegar. Cuando estén todos aquí, después del secuestro, vamos a rescatar a los amigos de Lyon que se llevaron presos hoy. ¡Confianza!

Dicen que los van a ahorcar a todos y los van a dejar colgados de la muralla del castillo, para que nadie más se atreva a conspirar. Yo creo que es pura habladuría, no nos van a poder atrapar y, si atrapan a alguno, no se van a atrever a hacer semejante salvajada. A fin de cuentas, somos todos creyentes. No es como si fuera el Sultán y los infieles. De todos modos, hay que tener confianza en que nuestra gente ya llega.

- Hoy es 19 de marzo. Ya hace un año de la conjura, Andrés, y de que mataron a La Renaudie. Recemos por la salvación de sus almas.

Efectos secundarios de Champix

Filed under: Uncategorized — elresplandorsubterraneo @ 16:24

Doctor, desde que empecé a tomar Champix, tengo unos sueños fenomenales. Son tan buenos que ahora duermo más que antes, sólo para alargar la película. Yo no sabía que soñar era tan increíble, aunque no siempre es así. Le cuento mi último sueño para que se de cuenta.

Caminaba por una calle sucia, con basura regada por el empedrado, y hacía frío. Alcé la cara y vi la luna, acompañándome en mi paseo solitario. Sentía que tenía que llegar a alguna parte, pero no recordaba adónde. Me empecé a apurar, y al momento estaba casi corriendo. Crucé una esquina y de repente salió de un umbral un hombre alto, fornido y muy bien parecido, con quién choqué. En la confusión me agarré de él, y mirándolo a la cara le dije una disculpa breve, callejera.

El hombre también se había agarrado de mis hombros, y me enderezó con fuerza para evitar caerse. Cuando le vi la cara me dio la impresión de que se estaba riendo, y los ojos le brillaban de un modo raro. No se en qué idioma hablaba, pero entendí que me preguntó quién era. Le dije mi nombre, y el me dijo que se llamaba Leo. Me invitó a tomar una cerveza en el bar del que justo había salido, para pasar el mal rato, según dijo.

Acepté la invitación, y entramos en ese sitio, iluminado sólo con velas y un fuego brillante en una chimenea hacia el centro del lugar. Leo le gritó al hombre que atendía el sitio, y me invitó a sentarnos a una mesa que, en vez de sillas, tenía un par de bancos. Nos sentamos, y empezamos a hablar.

-          Y… ¿Ud. vive aquí, en la ciudad?

-          Sí, llegué hace un par de años, antes vivía en Florencia. Pero el ambiente allá es un poco pesado para gente de mi profesión. Mucha mafia, y no dejan trabajar.

-          ¿A qué se dedica?

-          Pinto y hago escultura. Y unas cuantas cosas más, de ingeniería y así.

-          Disculpe tantas preguntas, pero… ¿qué cosas de ingeniería?

-          Ud. no es de la ciudad, ¿no?

-          No.

No quería decir más, porque me daba la impresión que el sueño se iba a acabar ahí mismo, y quería averiguar más de lo que estaba viendo.

-          Estamos trabajando en un proyecto para el gobierno.

-          ¿Sí…?

-          Unir dos canales, pero el problema es que no están al mismo nivel. Ya tenemos unas esclusas en el Canal Grande, pero este desnivel es mayor. El objetivo final es unir la ciudad, a través de un canal navegable, con el lago de Como.

De golpe, la sorpresa de oír el nombre de un lago tan lejano, pero que yo conozco, me despertó. Aproveché a levantarme, y como quien no quiere la cosa, me puse a buscar en Google de qué canal se trataría.

Doctor, no me va a creer, pero el tipo con el que estaba en el sueño era idéntico a un retrato que he visto de Leonardo da Vinci. Lo vi más o menos a comienzos de los ochenta, en Milán, en la Galería Ambrosiana. Sí, claro, no es que yo crea en todas esas cosas… ¿ocultas? De todos modos, me puse a buscar en Google y me di cuenta que Leonardo era uno de los ingenieros del duque Sforza, en 1506.  ¡Le juro que yo no sabía nada de esto antes de sentarme en la computadora!

II

Doctor, estoy muy preocupado. Sí, tiene que ver con mis sueños otra vez. Ya no tomo Champix, pero sigo soñando igual. Le dejo este mensaje en su contestadora, porque me da un poco de vergüenza hablarlo personalmente. Volví a soñar con Leonardo. Esta vez estábamos en la calle, y mientras caminábamos, me preguntó de dónde era yo. Le expliqué que probablemente él no sabía dónde quedaba mi ciudad, pero que yo era de un sitio que se llamaba Caracas, que quedaba muy lejos de Milán, al otro lado del Atlántico. Me respondió que había oído de un genovés o francés que había estudiado en Pavía y tenía un proyecto para cruzar el mar, pero que no sabía nada de eso. Iba caminando con un hombre más joven, con cara de malandro, y me lo presentó como Salaí. Me dijo que Salaí era su ayudante, y que estudiaba pintura. Me desperté sudando.

III

Doctor, por favor, déme una llamadita… ¡es urgente! ¡Me pasó de nuevo! Volví a soñar con ese hombre, anteayer.

Ahora estaba más viejo. Le pregunté si él era de Vinci, y me dijo que sí. Siguió hablando, pero no le entendí lo que decía. Habló del amor, le oí el nombre de Salaí y otro nombre que no entendí, parecía Francesco. Al final, le vi los ojos brillando otra vez, sonriendo y hablando, como quien cuenta un chiste. Me dijo que la próxima vez que nos veamos, yo estaré muerto. Y se fue riéndose, con esos ojos brillantes.

Desde entonces, no me atrevo a dormir.

Otra víctima más

Filed under: Uncategorized — elresplandorsubterraneo @ 16:02

Su pequeña sonrisa malvada me decidió a hacerlo. Ya tengo bastante tiempo buscando un apartamento a mi alcance, y el de ella tiene que servir. Hace semanas que la viejita Sonia, mi desagradable vecina, está mostrando el apartamento frente al que alquilamos, a todo tipo de gente, y me decidí a aprovechar la volada. Le dije que estábamos pensando en hacerle una buena oferta, y la dejé masticando esa idea unos días, para que se lo dijera a las otras brujas amigas suyas. Como hace tiempo que me aprendí su rutina de salidas, la pude seguir sin problemas cuando se dispuso a ir al centro. Bajó de la camioneta en Chacaíto, igual que yo. Me despedí de ella, más o menos cortésmente, y la dejé caminar por el boulevard. A esa hora de la mañana no hay demasiada gente. Saqué mi cable de acero y lo estiré entre mis manos. Me lo volví a meter en el bolsillo, y la seguí.

Unas pocas cuadras más adelante, cerca de un edificio vacío donde viven unos indigentes, me le acerqué corriendo, le pasé el cable alrededor del cuello y estiré. Ni siquiera pataleó mucho – menos mal que es un método silencioso, no pudo gritar. Haciendo como que la ayudaba, la dejé acostada en el zaguán del edificio, y parecía una indigente más. Le giré la cara hacia la pared, para tapar la mueca horrible de viejecita malvada. El fino surco alrededor del cuello casi no se notaba. Le quité la cartera, las llaves y la identificación. No creo que volvamos a saber de ella. En nuestra ciudad mueren tantos cada día, que no va a llamar la atención.

Ahora tengo que planificar cómo nos vamos a mudar… a su apartamento. Las brujas van a preguntar por ella, pero como le había dicho a todo el mundo que se iba del país, espero que se queden tranquilas y piensen que su intempestiva desaparición es otro más de sus desplantes. Les diré que tomó el dinero y no la vimos más, que me hace falta que vuelva para ir al Registro a firmar la venta. Así, seremos otra víctima más.

marzo 27, 2010

Hello world! ¡Hola, mundo!

Filed under: Uncategorized — elresplandorsubterraneo @ 15:37

Este es mi blog del taller de narrativa Imago Mundi, liderizado por nuestra gurú Mharía Vázquez Benarroch. Voy a publicar los textos que escriba en el taller, y algún comentario más, según haga falta. Espero que les guste y que les anime a dejar sus comentarios.

¡Un abrazo!

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